
Dicen que fue la cara de Sócrates o Platón o alguno de esos griegos cuyos nombres se funden en la imaginación humana. Es probable que no lo sea, que esas caras originales se hayan perdido para siempre. Pero también es posible que sea la cara de Sócrates, o de Platón, o de cualquiera de esos griegos. La verdadera, la original. Quizá uno de esos sabios tenia la cabeza de piedra. Quizá lo que se perdió para siempre fue el manuscrito que contaba que el sabio era un ser sobrenatural de cabeza de piedra, y la cabeza sigue aquí. Quizá pensando, corrigiendo, tachando. Todavía masticando dialogos y naturalezas. Reescribiendo todos los días una filosofía de nunca acabar, hasta dejarla irreconocible. Una filosofía que no es de piedra, sino de vida


Cada cosa, dependiendo de como se la mire, es muchas cosas. Así el mundo, mirado como pista de carreras, comprende numerosisimos circuitos. En uno de ellos, este es uno de los tramos mas dificiles. En otros el tramo mas dificil es un arbol infinitamente ramificado, un palito de helado, un puente colgante que cuelga de un puente colgante. En uno, ese tramo es un pedazo de tu vida. Por ahí pasan cientos de vehículos y peatones todos los días. Algunos se matan en las curvas o en los cruces. Y vos ni te das cuenta.






